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Autor: Equipo de SinStories10 sept 2026

El turno de noche

En la oficina no quedaba nadie más que nosotros dos. Cuando se inclinó sobre mi mesa para apagar la lámpara, ninguno de los dos se apartó.

El olor de Sara me envolvió mientras se quedaba suspendida a centímetros de mi cara, con su melena castaña rozándome la mejilla. Olía a jazmín y a café. Me picaban los dedos por acariciarle la piel suave del cuello, pero me contuve.

—Oye, nunca me había fijado, pero tienes unos ojos preciosos. Ese color avellana —murmuró Sara, curvando los labios rosados en una sonrisa pequeña. Tenía la voz ronca, casi un ronroneo.

Tragué saliva.

—Los tuyos tampoco están mal. Ese verde me mata cada vez.

Sus ojos verdes chispearon con picardía.

—Vaya, una podría acostumbrarse a estos cumplidos. —Dejó la mano apoyada en la mesa, convenientemente cerca de la mía.

—Venga, es tarde. Deberíamos cerrar e irnos a casa. —Eché la silla hacia atrás y me levanté.

Sara se enderezó también, pero no hizo ademán de marcharse. En vez de eso, empezó a desabrocharse despacio la blusa blanca, dejando ver el borde de encaje de un sujetador azul claro.

—La verdad es que no tengo ganas de irme a casa todavía.

—¿Qué haces? —pregunté con la voz áspera de deseo.

—Shh, tú relájate —canturreó. Con dedos hábiles se desabrochó el sujetador y lo dejó caer al suelo, ofreciendo sus pechos llenos a mi mirada hambrienta. Los pezones rosados ya estaban duros.

Di un paso más. Despacio, me desabroché los pantalones y me los quité a patadas, junto con los zapatos y los calcetines. Los calzoncillos estaban tensos de excitación. Sara abrió mucho los ojos al ver el bulto.

—Vaya —susurró. Y entonces sus manos estaban sobre mí, bajándome los calzoncillos para liberar mi erección. Gemí al notar su contacto.

Sara se arrodilló con elegancia allí mismo, en